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CC Madhya-līlā 2.86

Texto

nāhi kāhāṅ savirodha,nāhi kāhāṅ anurodha,
sahaja vastu kari vivaraṇa
yadi haya rāgoddeśa,
tāhāṅ haye āveśa,
sahaja vastu nā yāya likhana

Palabra por palabra

nāhi—no hay; kāhāṅ—en ninguna parte; sa-virodha—elemento contrario; nāhi—no hay; kāhāṅ—en ninguna parte; anurodha—aceptación de la opinión de alguien; sahaja—sencilla; vastu—esencia; kari—yo hago; vivaraṇa—explicación; yadi—si; haya—hay; rāga-uddeśa—la atracción u obstrucción de alguien; tāhāṅ—ahí; haye—volverse; āveśa—involucrado; sahaja—sencilla; vastu—esencia; nā yāya—no es posible; likhana—escribir.

Traducción

En el Śrī Caitanya-caritāmṛta no hay conclusiones contradictorias, ni se acepta la opinión de nadie más. He escrito este libro para explicar su sencilla esencia tal y como la he escuchado de mis superiores. Si me parase a contemplar lo que gusta o deja de gustar a unos y a otros, no habría podido escribir la simple verdad.

Significado

Para los seres humanos, lo más sencillo es seguir a quienes les han precedido. El proceso de elaborar juicios basándose en los sentidos mundanos no es nada fácil. Lo que se le revela a quien se apega a sus predecesores es la vía del servicio devocional tal y como fue expuesta por Śrī Caitanya Mahāprabhu. El autor, sin embargo, dice que no puede tener en cuenta las opiniones de quienes sienten atracción o repulsión por esas cosas, pues de ese modo no se puede ser imparcial al escribir. En otras palabras, el autor afirma que en el Śrī Caitanya-caritāmṛta no ha incluido opiniones personales. Simplemente ha explicado lo que espontáneamente ha podido comprender de sus superiores. Si se hubiera dejado llevar por lo que gusta o deja de gustar a otros, no habría podido escribir acerca de un tema tan sublime de un modo tan simple. La realidad de los hechos pueden comprenderla los verdaderos devotos. Una vez registrados, esos hechos satisfacen mucho a los devotos, pero el que no es devoto no puede comprender. Es cuestión de comprensión práctica. La erudición mundana y sus apegos y desapegos concomitantes no pueden hacer surgir el amor espontáneo por Dios. Ningún erudito mundano puede explicar ese amor.