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Śrīmad-bhāgavatam 3.15.34

Texto

tad vām amuṣya paramasya vikuṇṭha-bhartuḥ
kartuṁ prakṛṣṭam iha dhīmahi manda-dhībhyām
lokān ito vrajatam antara-bhāva-dṛṣṭyā
pāpīyasas traya ime ripavo ’sya yatra

Palabra por palabra

tat—así pues; vām—a estos dos; amuṣya—de Él; paramasya—el Supremo; vikuṇṭha-bhartuḥ—el Señor de Vaikuṇṭha; kartum—para otorgar; prakṛṣṭam—beneficio; iha—acerca de esta ofensa; dhīmahi—consideremos; manda-dhībhyām—aquellos que no tienen una inteligencia muy despierta; lokān—al mundo material; itaḥ—desde este lugar (Vaikuṇṭha); vrajatam—ir; antara-bhāva—dualidad; dṛṣṭyā—por haber visto; pāpīyasaḥ—pecadora; trayaḥ—tres; ime—estos; ripavaḥ—enemigos; asya—de una entidad viviente; yatra—donde.

Traducción

Así pues, consideremos cómo deben ser castigadas estas dos personas contaminadas. Debe ser un castigo apropiado, de manera que, a su debido tiempo, puedan beneficiarse. Como encuentran dualidad en la existencia de la vida en Vaikuṇṭha, están contaminados, y deben ser apartados de este lugar y enviados al mundo material, donde las entidades vivientes tienen tres tipos de enemigos.

Significado

La causa por la que las almas puras vienen al entorno existencial del mundo material, que se considera el departamento criminal del Señor Supremo, se expone en el verso 27 del séptimo capítulo del Bhagavad-gītā. Se afirma que una entidad viviente, mientras es pura, guarda completa armonía con los deseos del Señor Supremo, pero, tan pronto como deja de serlo, la armonía con respecto a los deseos del Señor deja de existir. La contaminación le fuerza a pasar a este mundo material, donde las entidades vivientes tienen tres enemigos: el deseo, la ira y la lujuria. Estos tres enemigos fuerzan a las entidades vivientes a continuar la existencia material, y cuando una persona se libera de ellos se capacita para entrar en el reino de Dios. En consecuencia, no hay que irritarse cuando falta ocasión de complacer los sentidos, y no hay que estar ávido de conseguir más que lo que se necesita. En este verso se afirma claramente que los dos porteros deben ser enviados al mundo material, donde se consiente que habiten los criminales. Puesto que los principios básicos de la criminalidad son la complacencia de los sentidos, la ira y la codicia de cosas superfluas, las personas a quienes dirigen estos tres enemigos de la entidad viviente nunca ascienden a Vaikuṇṭhaloka. La gente debe aprender el Bhagavad-gītā, y aceptar a la Suprema Personalidad de Dios, Kṛṣṇa, como Señor de todo; deben dedicarse a satisfacer los sentidos del Señor en lugar de intentar satisfacer los suyos propios. Ejercitarse en el proceso de conciencia de Kṛṣṇa ayudará a la persona a elevarse a Vaikuṇṭha.