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Śrīmad-bhāgavatam 2.6.40-41

Texto

viśuddhaṁ kevalaṁ jñānaṁ
pratyak samyag avasthitam
satyaṁ pūrṇam anādy-antaṁ
nirguṇaṁ nityam advayam
ṛṣe vidanti munayaḥ
praśāntātmendriyāśayāḥ
yadā tad evāsat-tarkais
tirodhīyeta viplutam

Palabra por palabra

vīśuddham—sin ningún tinte material; kevalam—puro y perfecto; jñānam—conocimiento; pratyak—omnipresente; samyak—a plenitud; avasthitam—situado; satyam—verdad; pūrṇam—absoluta; anādi—sin comienzo alguno; antam—y así también sin ningún final; nirguṇam—libre de modalidades materiales; nityam—eterno; advayam—sin rival alguno; se—¡Oh, Nārada!, ¡oh, gran sabio!; vidanti—ellos solo pueden entender; munayaḥ—los grandes pensadores; paraśānta—apaciguados; ātma—el yo; indriya—los sentidos; āśayāḥ—refugiados; yadā—mientras; tat—eso; eva—ciertamente; asat—insostenible; tarkaiḥ—argumentos; tiraḥdhīyeta—desaparece; viplutam—desvirtuado.

Traducción

La Personalidad de Dios es puro, pues se encuentra libre de toda contaminación que provenga de tintes materiales. Él es la Verdad Absoluta, el poseedor y el símbolo del conocimiento pleno y perfecto. Él es omnipresente, no tiene principio ni fin, y no tiene rival. ¡Oh, Nārada!, ¡oh, gran sabio!, los grandes pensadores pueden conocerlo a Él cuando se encuentran libres por completo de todo anhelo material y cuando se refugian en imperturbables condiciones de los sentidos. De lo contrario, mediante argumentos insostenibles, todo se desvirtúa, y el Señor desaparece de ante nuestra vista.

Significado

He aquí un juicio acerca del Señor, aparte de Sus actividades trascendentales en las creaciones materiales y temporales. La filosofía māyāvāda trata de darle al Señor la designación de «contaminado por un cuerpo material», cuando Él acepta formas de encarnación. Esa clase de interpolación se encuentra aquí negada por completo, mediante la explicación de que la posición del Señor es pura e inmaculada en todas las circunstancias. De acuerdo con la filosofía māyāvāda, cuando el alma espiritual se encuentra cubierta por la nesciencia, se designa como jīva, pero cuando se libera de esa ignorancia o nesciencia, se funde en la existencia impersonal de la Verdad Absoluta. Mas aquí se dice que El Señor es eternamente el símbolo del conocimiento pleno y perfecto. Esa es Su especialidad: el encontrarse libre de toda contaminación material, perpetuamente. Eso distingue al Señor de las entidades vivientes comunes e individuales que tienen la propensión de quedar subordinadas por la nesciencia, volviéndose así seres con designaciones materiales. En los Vedas se dice que el Señor es vijñānam ānandam, que se encuentra colmado de bienaventuranza y conocimiento. Las almas condicionadas nunca han de ser equiparadas con Él, debido a que esas almas individuales tienen la tendencia a contaminarse. Si bien la entidad viviente, después de la liberación, puede volverse uno con el Señor, adquiriendo una existencia de la misma naturaleza que Él, su propia tendencia a contaminarse, que el Señor nunca posee, hace que la entidad viviente individual sea diferente del Señor.

En los Vedas se dice: śuddham apāpa-viddham, el ātmā individual se contamina con el pecado, pero el Señor nunca se contamina con los pecados. El Señor es como el poderoso sol. El sol nunca se contamina con ninguna cosa infecciosa, debido a que es muy poderoso. Por el contrario, los rayos del sol esterilizan las cosas infectadas. En forma similar, el Señor nunca se contamina con los pecados. Por el contrario, el contacto con el Señor esteriliza a las pecadoras entidades vivientes. Esto significa que el Señor es también omnipresente como el Sol, y por ello se usa en este verso la palabra pratyak. No hay nada que se encuentre excluido de la existencia de las expansiones potenciales del Señor. El Señor se encuentra dentro de todo, y Él además lo abarca todo, sin ser perturbado por las actividades de las almas individuales. Por lo tanto, Él es infinito, y las entidades vivientes son infinitesimales. En los Vedas se dice que únicamente existe el Señor, y las existencias de todo lo demás dependen de Él. Él es la fuente generadora de la capacidad existencial de todos; Él es la Verdad Suprema de todas las demás clases de verdades. Él es la fuente de la opulencia de todos, y, por consiguiente, nadie puede ser igual a Él en opulencia. Puesto que Él se encuentra lleno de toda opulencia, es decir, riqueza, fama, fuerza, belleza, conocimiento y renunciación, Él es indudablemente la Persona Suprema. Y debido a que Él es una persona, Él tiene muchas cualidades personales, si bien es trascendental a las modalidades materiales. Ya hemos discutido la declaración itthaṁ-bhūta-guṇo hariḥ (Bhāg. 1.7.10). Sus cualidades trascendentales son tan atractivas, que incluso las almas liberadas (ātmārāmas) se ven también atraídas por ellas. Si bien Él posee todas las cualidades personales, no obstante es omnipotente. De manera que, Él no tiene obligación de hacer nada en persona, pues todo está siendo ejecutado por Sus energías omnipotentes. Eso lo confirman los mantras védicos: parāsya śaktir vividhaiva śruyate svābhāvikī jñāna-bala-kriyā ca. Esto insinúa Su específica forma espiritual, que nunca puede ser percibida por los sentidos materiales. Él solo puede ser visto cuando los sentidos se encuentran purificados por el servicio devocional (yam evaiṣa vṛṇute tena labhyaḥ). Por ello, en muchísimos sentidos, existen diferencias básicas entre el Señor y las entidades vivientes. Nadie puede asemejarse al Señor, como lo declaran los Vedas (ekam evādvitīyaṁ brahma, dvaitād vai bhayaṁ bhavati). El Señor no tiene competidor, y Él no tiene nada que temer de ningún otro ser, ni puede nadie ser igual a Él. Si bien Él es la raíz de todos los demás seres, existen diferencias básicas entre Él y los demás seres. De no ser así, no habría habido necesidad de la declaración del verso anterior, según la cual nadie puede conocerlo a Él en un cien por ciento, tal como Él es (na yaṁ vidanti tattvena). También en este verso se explica que nadie puede entenderlo a Él plenamente, y la cualidad necesaria para entenderlo hasta cierto punto se menciona aquí. Solo los praśāntas, o los inmaculados devotos del Señor, pueden conocerlo a Él en una mayor medida. La razón de ello es, que los devotos no tienen más exigencia en sus vidas que las de ser obedientes sirvientes del Señor, mientras que todas las demás personas, es decir, los filósofos empíricos, los místicos y los trabajadores fruitivos, tienen todos básicamente alguna exigencia, y por ello no pueden apaciguarse. El trabajador fruitivo quiere una recompensa por su trabajo, el místico quiere alguna perfección de la vida, y el filósofo empírico quiere fundirse en la existencia del Señor. De una forma u otra, mientras exista una exigencia de la satisfacción de los sentidos, no hay posibilidad de apaciguamiento: por el contrario, mediante los áridos e innecesarios argumentos especulativos, todo el asunto se desvirtúa, y así pues, el Señor se desplaza aún más lejos de nuestro entendimiento. Sin embargo los áridos especuladores, debido a que siguen los principios de austeridad y penitencia, pueden tener conocimiento de los aspectos impersonales del Señor en cierta medida, pero no hay ninguna posibilidad de que ellos entiendan Su forma máxima de Govinda, debido a que solo los amalātmās, o las personas exentas por completo de pecado, pueden aceptar el servicio devocional puro que se le presta al Señor, tal como se confirma en el Bhagavad-gītā (7.28):

yeṣāṁ tv anta-gataṁ pāpaṁ
janānāṁ puṇya-karmaṇām
te dvandva-moha-nirmuktā
bhajante māṁ dṛḍha-vratāḥ