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Śrīmad-bhāgavatam 5.9.14

Texto

atha ta enam anavadya-lakṣaṇam avamṛśya bhartṛ-karma-niṣpattiṁ manyamānā baddhvā raśanayā caṇḍikā-gṛham upaninyur mudā vikasita-vadanāḥ.

Palabra por palabra

atha—después; te—ellos (los sirvientes del jefe de los ḍakaits); enam—a este (Jaḍa Bharata); anavadya-lakṣaṇam—que tenía las características de un animal torpe, debido a su cuerpo, grueso como el de un toro, y a que era sordo y mudo;avamṛśya—reconociendo; bhartṛ-karma-niṣpattim—el cumplimiento de la actividad que su señor estaba realizando;manyamānāḥ—entendiendo; baddhvā—atar estrechamente; raśanayā—con cuerdas; caṇḍikā-gṛham—al templo de la diosa Kālī; upaninyuḥ—llevaron; mudā—con gran felicidad; vikasita-vadanāḥ—con rostros brillantes.

Traducción

Los secuaces y sirvientes del jefe ḍakait consideraron que las cualidades de Jaḍa Bharata eran exactamente las de un hombre-animal, y decidieron que era la elección perfecta para el sacrificio. Con los rostros brillando de felicidad, le ataron con cuerdas y le llevaron al templo de la diosa Kālī.

Significado

En algunas partes de la India todavía se sacrifican ante la diosa Kālī hombres de estas características. Se trata, sin embargo, de sacrificios llevados a cabo únicamente por śūdras y ḍakaits. Su ocupación consiste en despojar a los demás de sus riquezas, y, para tener éxito, ofrecen a un hombre de características animales ante la diosa Kālī. Debe notarse, sin embargo, que nunca sacrifican a la diosa hombres inteligentes. En el cuerpo de brāhmaṇa, Bharata Mahārāja parecía sordomudo, aunque era el hombre más inteligente del mundo. A pesar de ello, como estaba completamente entregado a la Suprema Personalidad de Dios, permaneció en aquella condición, y no protestó cuando le llevaron ante la deidad para sacrificarlo. Como hemos visto en versos anteriores, Jaḍa Bharata era muy fuerte, y le hubiera sido muy fácil impedir que le ataran con cuerdas. Sin embargo, no hizo nada. Para protegerse, simplemente dependía de la Suprema Personalidad de Dios. Śrīla Bhaktivinoda Ṭhākura describe la entrega al Señor Supremo de la siguiente manera:

mārabi rākhabi — yo icchā tohārā
nitya-dāsa-prati tuyā adhikārā

«Mi Señor, ahora me he entregado a Ti. Soy Tu sirviente eterno; si quieres, puedes matarme, y si quieres, puedes protegerme. En cualquier caso, estoy plenamente entregado a Ti».