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Śrīmad-bhāgavatam 3.5.49

Texto

yāvad baliṁ te ’ja harāma kāle
yathā vayaṁ cānnam adāma yatra
yathobhayeṣāṁ ta ime hi lokā
baliṁ haranto ’nnam adanty anūhāḥ

Palabra por palabra

yāvat—como sea; balim—ofrendas; te—Tu; aja—¡oh, innaciente!; harāma—ofreceremos; kāle—en el momento apropiado; yathā—tanto como; vayam—nosotros; ca—también; annam—granos alimenticios; adāma—comeremos; yatra—con lo cual; yathā—tanto como; ubhayeṣām—tanto para Ti como para nosotros; te—todas; ime—estas; hi—ciertamente; lokāḥ—entidades vivientes; balim—ofrendas; harantaḥ—mientras se ofrecen; annam—granos; adanti—comen; anūhāḥ—sin perturbación.

Traducción

¡Oh, Tú, el innaciente! Por favor, ilumínanos en relación con las formas y medios mediante los cuales podemos ofrecerte toda clase de agradables granos y productos, de manera que tanto nosotros como todas las demás entidades vivientes de este mundo podamos mantenernos sin perturbación, y acumular fácilmente las cosas necesarias en la vida, tanto para Ti como para nosotros.

Significado

La conciencia desarrollada comienza a partir de la forma humana de vida, y aumenta más en las formas de los semidioses que viven en los planetas superiores. La Tierra está situada prácticamente en el medio del universo, y la forma humana de vida es el intermedio entre la vida de los semidioses y la de los demonios. Los sistemas planetarios que se encuentran por encima de la Tierra, son especialmente para los intelectuales superiores, llamados semidioses. Ellos reciben el nombre de semidioses debido a que, aunque su nivel de vida es muchísimo más avanzado en lo que se refiere a cultura, disfrute, lujo, belleza, educación y duración de la vida, son siempre plenamente conscientes de Dios. Dichos semidioses están siempre dispuestos a ofrecer servicio al Señor Supremo, debido a que están perfectamente conscientes del hecho de que toda entidad viviente es por constitución un eterno servidor subordinado del Señor. Ellos también saben que únicamente el Señor puede mantener a todas las entidades vivientes, satisfaciendo todas las necesidades de la vida. Los himnos védicos eko bahūnāṁ yo vidadhāti kāmān, tā enam abruvann āyatanaṁ naḥ prajānīhi yasmin pratiṣṭhitā annam adāme, etc., confirman esa verdad. También en el Bhagavad-gītā, se menciona que el Señor es bhūta-bhṛt, el sustentador de todas las criaturas vivientes.

La teoría moderna de que el hambre se debe a un aumento de población no la aceptan ni los semidioses ni los devotos del Señor. Los devotos o semidioses están plenamente conscientes de que el Señor puede mantener a cualquier número de entidades vivientes, siempre y cuando sean conscientes de cómo comer. Si quieren comer como animales corrientes, los cuales no tienen ninguna conciencia de Dios, entonces deben vivir en medio del hambre, la pobreza y la necesidad, como los animales salvajes en la jungla. A los animales de la jungla también los mantiene el Señor con sus respectivos alimentos, pero ellos no están adelantados en cuanto a conciencia de Dios se refiere. De igual manera, a los seres humanos, por la gracia del Señor, se les provee de granos alimenticios, verduras, frutas y leche, pero es deber de los seres humanos reconocer la misericordia del Señor. Como una cuestión de gratitud, deben sentirse agradecidos con el Señor por su provisión de alimentos, y ofrecerle primero a Él la comida en calidad de sacrificio, y luego comer los remanentes.

En el Bhagavad-gītā (3.13) se confirma que aquel que toma alimentos después de la ejecución de un sacrificio come verdadera comida para la manutención adecuada del cuerpo y el alma, pero aquel que cocina para sí y no realiza ningún sacrificio come únicamente trozos de pecado en la forma de alimentos. Esa clase de alimentación pecaminosa nunca puede dar la felicidad o liberar de la escasez. El hambre no se debe a un aumento de población, como piensan los pocos inteligentes economistas. Cuando la sociedad humana es agradecida con el Señor por todos Sus regalos para el sustento de las entidades vivientes, entonces es seguro que no hay escasez ni necesidad alguna en la sociedad. Pero cuando los hombres ignoran el valor intrínseco de semejantes regalos del Señor, sin duda se vuelven necesitados. Una persona que carece de conciencia de Dios, puede que viva con opulencia por el momento, debido a sus actos virtuosos pasados, pero si olvida su relación con el Señor, con toda certeza le espera la etapa de hambre, por ley de la poderosa naturaleza material. No se puede evadir la vigilancia de la poderosa naturaleza material, a menos que se lleve una vida devocional o consciente de Dios.