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Śrīmad-bhāgavatam 4.29.61

Texto

śayānam imam utsṛjya
śvasantaṁ puruṣo yathā
karmātmany āhitaṁ bhuṅkte
tādṛśenetareṇa vā

Palabra por palabra

śayānam—acostado en una cama; imam—este cuerpo; utsṛjya—después de abandonar; śvasantam—respirar; puruṣaḥ—la entidad viviente; yathā—como; karma—actividad; ātmani—en la mente; āhitam—ejecutada; bhuṅkte—disfruta; tādṛśena—con un cuerpo parecido; itareṇa—con un cuerpo diferente; vā—o.

Traducción

La entidad viviente, mientras sueña, abandona el cuerpo en que está viviendo. Mediante las actividades de su mente y de su inteligencia, actúa en otro cuerpo, que puede ser de dios o de perro. Después de abandonar el cuerpo denso, la entidad viviente entra en un cuerpo de animal o de semidiós, en este planeta o en cualquier otro. De esa forma disfruta de los resultados de las acciones de su vida pasada.

Significado

La mente, la inteligencia y el ego son la raíz de la felicidad y de la aflicción, pero, aun así, se necesita un cuerpo denso como instrumento de disfrute. El cuerpo denso puede cambiar, pero el sutil continúa actuando. Si no recibe otro cuerpo denso, la entidad viviente tendrá que existir en un cuerpo sutil, un cuerpo de fantasma. Un fantasma es una entidad viviente cuyo cuerpo sutil actúa sin la ayuda de su instrumento, el cuerpo denso. Como se afirma en este verso: śayānam imam utsṛjya śvasantam: El cuerpo denso se acuesta en una cama y descansa; sus mecanismos continúan funcionando, pero la entidad viviente lo abandona, se introduce en el sueño, y regresa al cuerpo denso. Cuando regresa al cuerpo, olvida lo soñado. De manera similar, cuando la entidad viviente entra en un cuerpo denso, olvida su cuerpo denso anterior. La conclusión es que el cuerpo sutil, hecho de mente, inteligencia y ego, crea una atmósfera con deseos y ambiciones, y la entidad viviente, en su cuerpo sutil, disfruta de esa atmósfera. En realidad, la entidad viviente está en el cuerpo sutil, aunque aparentemente el cuerpo denso cambia, y aunque habita en cuerpos densos en variedad de planetas. Todas las actividades que la entidad viviente realiza en el cuerpo sutil se consideran ilusorias, porque no son permanentes. Liberarse significa salir de las garras del cuerpo sutil. El hecho de liberarse del cuerpo denso se limita a la transmigración del alma de un cuerpo denso a otro. Cuando se educa la mente para que sea consciente de Kṛṣṇa, es decir, para que permanezca en el plano superior de conciencia, en la modalidad de la bondad, entonces nos elevamos, o bien a los planetas superiores, que son los planetas celestiales, o bien al mundo espiritual, a los planetas Vaikuṇṭhas. Por consiguiente, tenemos que cambiar nuestra conciencia mediante el cultivo del conocimiento que proviene de la Suprema Personalidad de Dios por medio de las instrucciones védicas y a través de la sucesión discipular. Si en esta vida pensamos siempre en Kṛṣṇa y adiestramos el cuerpo sutil, cuando abandonemos el cuerpo denso nos elevaremos a Kṛṣṇaloka. Esto lo confirma la Suprema Personalidad de Dios:

janma karma ca me divyam
evaṁ yo vetti tattvataḥ
tyaktvā dehaṁ punar janma
naiti mām eti so ’rjuna

«¡Oh, Arjuna!, aquel que conoce la naturaleza trascendental de Mi advenimiento y actividades, al abandonar el cuerpo no vuelve a nacer en este mundo material, sino que alcanza Mi morada eterna» (Bg. 4.9).

Por lo tanto, el cambio del cuerpo denso no es muy importante; el cambio importante es el cambio del cuerpo sutil. El movimiento para la conciencia de Kṛṣṇa está educando a la gente en la iluminación del cuerpo sutil. En relación con esto, el ejemplo perfecto es Ambarīṣa Mahārāja, que siempre ocupó su mente en los pies de loto de Kṛṣṇa (sa vai manaḥ kṛṣṇa-padāravindayoḥ). De manera similar, en esta vida debemos fijar siempre la mente en los pies de loto de Kṛṣṇa, que está presente en Su arcā-vigraha, la encarnación de la Deidad en el templo. También debemos ocuparnos siempre en adorarle. Si ocupamos nuestras palabras en describir las actividades del Señor, y nuestros oídos en escuchar Sus pasatiempos, y si seguimos los principios regulativos para mantener la mente intacta y poder avanzar en el cultivo de conciencia de Kṛṣṇa, sin duda alguna nos elevaremos al plano espiritual. A la hora de la muerte, la mente, la inteligencia y el ego ya no estarán contaminados por la materia. Existe la entidad viviente, y existen también la mente, la inteligencia y el ego. Cuando esos componentes del cuerpo sutil se purifican, todos los sentidos activos de la entidad viviente se vuelven espirituales. De este modo, la entidad viviente alcanza su forma sac-cid-ānanda. El Señor Supremo siempre permanece en Su forma sac-cid-ānanda, pero la entidad viviente, aunque es parte integral del Señor, cuando desea venir al mundo material para disfrutar, queda contaminada por la materia. En el Bhagavad-gītā (9.34), el Señor mismo prescribe que hay que regresar al hogar, de vuelta a Dios:

man-manā bhava mad-bhakto
mad-yājī māṁ namaskuru
mām evaiṣyasi yuktvaivam
ātmānaṁ mat-parāyaṇaḥ

«Piensa siempre en Mí y sé Mi devoto. Adórame y ofréceme tu homenaje. Estando completamente absorto en Mí, ten la seguridad de que vendrás a Mí».