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Śrīmad-bhāgavatam 2.1.11

Texto

etan nirvidyamānānām
icchatām akuto-bhayam
yogināṁ nṛpa nirṇītaṁ
harer nāmānukīrtanam

Palabra por palabra

etat—es; nirvidyamānānām—de aquellos que están totalmente libres de todos los deseos materiales; icchatām—de aquellos que están deseosos de toda clase de disfrutes materiales; akutaḥ-bhayam—libre de todas las dudas y de todo temor; yoginām—de todos los que están autosatisfechos; nṛpa—¡oh, rey!; nirṇītam—verdad que se ha decidido; hareḥ—del Señor, Śrī Kṛṣṇa; nāma—el santo nombre; anu—tras alguien, siempre; kīrtanam—cantando.

Traducción

¡Oh, rey!, el canto constante del santo nombre del Señor siguiendo el sendero de las grandes autoridades, es la manera libre de dudas y temor en que todos pueden lograr el éxito: tanto aquellos que están libres de todos los deseos materiales, como aquellos que están deseosos de todo el disfrute material, así como también aquellos que están autosatisfechos en virtud del conocimiento trascendental.

Significado

En el verso anterior se ha reconocido la gran necesidad de llegar a estar apegado a Mukunda. Hay diferentes tipos de personas que desean lograr el éxito en diferentes clases de ocupaciones. La generalidad de las personas son gente materialista que desea disfrutar al máximo el placer material. A continuación están los trascendentalistas, los cuales han logrado adquirir conocimiento perfecto acerca de la naturaleza del disfrute material, y, por consiguiente, están apartados de ese modo de vida así de ilusorio. Ellos están más o menos satisfechos en sí mismos mediante la autorrealización. Por encima de ellos están los devotos del Señor, que ni ambicionan disfrutar del mundo material ni desean salirse de él. Ellos persiguen la satisfacción del Señor Śrī Kṛṣṇa. En otras palabras, los devotos del Señor no quieren nada para sí. Si el Señor lo desea, los devotos pueden aceptar toda clase de facilidades materiales, y si el Señor no lo desea, los devotos pueden hacer a un lado toda clase de facilidades, incluso hasta el punto de sacrificar su propia salvación. Y ellos tampoco están autosatisfechos, porque únicamente quieren la satisfacción del Señor. En este verso, Śrī Śukadeva Gosvāmī recomienda el canto trascendental del santo nombre del Señor. Mediante el proceso de cantar y oír sin ofensas el santo nombre del Señor, uno se familiariza con la forma trascendental del Señor, luego, con los atributos del Señor, y después, con la naturaleza trascendental de Sus pasatiempos, etc. Aquí se indica que uno debe cantar constantemente el santo nombre del Señor después de oírlo de labios de las autoridades. Esto significa que oír a las autoridades es el primer elemento esencial. El proceso de oír el santo nombre lo promueve a uno gradualmente a la etapa de oír hablar de Su forma, Sus atributos, Sus pasatiempos, etc., y de ese modo se desarrolla sucesivamente la necesidad de cantar acerca de Sus glorias. Este proceso no solo se recomienda para la ejecución con éxito del servicio devocional, sino incluso para aquellos que están apegados a lo material. De acuerdo con Śrī Śukadeva Gosvāmī, esta manera de lograr el éxito es un hecho establecido, que no solo ha concluido él, sino también todos los demás ācāryas anteriores. Por lo tanto, no es necesario presentar más pruebas. El proceso no solo se recomienda a los estudiantes que progresan en los diferentes departamentos del éxito ideológico, sino también a aquellos que ya han logrado el éxito en su ocupación como trabajadores fruitivos, como filósofos o como devotos del Señor.

Śrīla Jīva Gosvāmī da la instrucción de que el canto del santo nombre del Señor se debe realizar en voz alta, así como también sin ofensas, tal como se recomienda en el Padma Purāṇa. Uno puede liberarse de los efectos de todos los pecados, si se entrega al Señor. Uno puede liberarse de todas las ofensas cometidas a los pies del Señor, si se refugia en Su santo nombre. Pero si uno comete una ofensa a los pies del santo nombre del Señor, no puede protegerse. En el Padma Purāṇa se indica que esas ofensas son diez en total.

La primera ofensa es la de difamar a los grandes devotos que han predicado acerca de las glorias del Señor.

La segunda ofensa consiste en analizar los santos nombres del Señor en función de la distinción mundana. El Señor es el propietario de todos los universos, y, por lo tanto, a Él se lo puede conocer en diferentes lugares por diferentes nombres, pero eso no limita de ninguna manera Su plenitud. Cualquier nombre que se emplee para designar al Señor Supremo es tan sagrado como los demás, porque todos ellos se refieren al Señor. Esos santos nombres son tan poderosos como el Señor, y no existe ningún impedimento para nadie en ninguna parte de la creación, por el que cualquiera no pueda cantar y glorificar al Señor mediante el nombre en particular con el cual se lo conozca a Él en el lugar en cuestión. Todos los nombres son supremamente auspiciosos, y uno no debe hacer distinciones entre esos nombres del Señor como si fueran cosas materiales.

La tercera ofensa consiste en desdeñar las órdenes de los ācāryas o maestros espirituales autorizados.

La cuarta ofensa es la de difamar las Escrituras o el conocimiento védico.

La quinta ofensa es la de definir el santo nombre del Señor en función de los conceptos mundanos que uno tenga. El santo nombre del Señor es idéntico al propio Señor, y uno debe entender que el santo nombre del Señor no es diferente de Él.

La sexta ofensa consiste en interpretar el santo nombre. El Señor no es algo imaginario, ni tampoco lo es Su santo nombre. Hay personas con una escasa provisión de conocimiento que creen que el Señor es un producto de la imaginación del adorador, y, por ende, creen que Su santo nombre es algo imaginario. Una persona que cante el nombre del Señor de ese modo, no puede lograr el éxito que se desea en relación con el canto del santo nombre.

La séptima ofensa es la de cometer pecados intencionalmente, fundándose en el santo nombre. En las Escrituras se dice que uno se puede liberar de los efectos de todas las acciones pecaminosos, con solo cantar el santo nombre del Señor. Aquel que se aprovecha de ese método trascendental y continúa cometiendo pecados, esperando neutralizar los efectos de estos mediante el canto del santo nombre del Señor, es el mayor de los ofensores a los pies del santo nombre. Un ofensor de esa índole no puede purificarse mediante ningún método recomendado de purificación. En otras palabras, puede que uno sea un pecador antes de cantar el santo nombre del Señor, pero después de refugiarse en el santo nombre del Señor y volverse inmune, uno debe abstenerse estrictamente de cometer actos pecaminosos con la esperanza de que su método de cantar el santo nombre le brindará protección.

La octava ofensa es la de considerar que el santo nombre del Señor y el método de cantarlo es igual a alguna actividad material auspiciosa. Existen diversas clases de obras buenas para lograr beneficios materiales, pero el santo nombre y el canto del mismo no son meros servicios sagrados y auspiciosos. Es indudable que el canto del santo nombre es servicio sagrado, pero nunca se lo debe utilizar con ese propósito. Como el santo nombre y el Señor son de una misma y única identidad, no se debe tratar de poner el santo nombre al servicio de la humanidad. Lo cierto es que el Señor Supremo es el disfrutador supremo. Él no es ni el sirviente ni el mandadero de nadie. De igual modo, como el santo nombre del Señor es idéntico al Señor, uno no debe tratar de utilizar el santo nombre para su servicio personal.

La novena ofensa consiste en hablar de la naturaleza trascendental del santo nombre del Señor a aquellos que no están interesados en cantarlo. Si esa instrucción se imparte a un público que no quiere oírla, el acto se considera que es una ofensa a los pies del santo nombre.

La décima ofensa es la de no estar interesado en el santo nombre del Señor después de oír hablar de la naturaleza trascendental del mismo. El que canta el santo nombre del Señor percibe su efecto en el hecho de que se libera del concepto del egoísmo falso. El egoísmo falso se exhibe cuando uno se cree el disfrutador del mundo y cree que todo lo que hay en el mundo está hecho únicamente para uno disfrutarlo. El mundo materialista por entero se mueve bajo ese falso egoísmo del «yo» y «mío», pero el verdadero efecto del canto del santo nombre consiste en liberarse de esos erróneos conceptos.