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Śrīmad-bhāgavatam 7.7.42

Texto

sukhāya duḥkha-mokṣāya
saṅkalpa iha karmiṇaḥ
sadāpnotīhayā duḥkham
anīhāyāḥ sukhāvṛtaḥ

Palabra por palabra

sukhāya—para alcanzar la felicidad mediante un supuesto nivel de vida superior; duḥkha-mokṣāya—para liberarnos del sufrimiento; saṅkalpaḥ—la determinación; iha—en este mundo; karmiṇaḥ—de la entidad viviente que busca el crecimiento económico; sadā—siempre; āpnoti—obtiene; īhayā—con actividad o ambición; duḥkham—solo desdicha; anīhāyāḥ—y de no desear el crecimiento económico; sukha—por la felicidad; āvṛtaḥ—cubierto.

Traducción

En el mundo material, todo materialista desea la felicidad y la disminución del sufrimiento, y actúa en consecuencia. Pero en realidad, solo somos felices mientras no nos esforzamos por serlo; el sufrimiento comienza tan pronto como tratamos de obtener felicidad.

Significado

Como se explica en el Bhagavad-gītā (prakṛteḥ kriyamāṇāni guṇaiḥ karmāṇi sarvaśaḥ), todas las almas condicionadas están atadas por las leyes de la naturaleza material. Todo el mundo ha recibido de la naturaleza material un determinado tipo de cuerpo, conforme a las instrucciones de la Suprema Personalidad de Dios.

īśvaraḥ sarva-bhūtānāṁ
hṛd-deśe ’rjuna tiṣṭhati
bhrāmayan sarva-bhūtāni
yantrārūḍhāni māyayā

«El Señor Supremo Se encuentra en el corazón de todos, ¡oh, Arjuna!, y dirige los movimientos de todas las entidades vivientes, que están situadas como en una máquina hecha de energía material» (Bg. 18.61). La Suprema Personalidad de Dios, la Superalma, está en el corazón de todos; el Señor atiende al deseo de la entidad viviente y le facilita lo necesario para que actúe de acuerdo con sus ambiciones, en distintas clases de cuerpos. El cuerpo es como un instrumento mediante el cual la entidad viviente actúa conforme a sus ilusorios deseos de felicidad, y, como consecuencia, experimenta los sufrimientos del nacimiento, la muerte, la vejez y las enfermedades, en distintas formas de vida. Todo el mundo actúa a partir de algún plan, alguna ambición personal, pero lo cierto es que, desde el principio hasta el final, no hay un solo momento de felicidad. Por el contrario, el mismo instante en que decidimos poner en práctica nuestros propios planes señala el comienzo de una vida de sufrimientos. No debemos esforzarnos mucho en eliminar la infelicidad que nos trae la vida, ya que nada podemos hacer al respecto. Ahaṅkāra-vimūḍhātmā kartāham iti manyate. Basamos nuestros actos en ambiciones que son ilusorias, pero, aun así, pensamos que de ese modo mejorarán nuestras circunstancias materiales. Los Vedas enseñan que los esfuerzos por lograr más felicidad o menos sufrimiento son inútiles. Tasyaiva hetoḥ prayateta kovidaḥ: Debemos esforzarnos en la autorrealización, y no en la imposible tarea de mejorar nuestra situación económica. La felicidad y los sufrimientos que tenemos destinados, los obtendremos sin mayores esfuerzos; son cosas que no se pueden cambiar. Por lo tanto, es mejor consagrar el tiempo al progreso en la vida espiritual consciente de Kṛṣṇa. No debemos desperdiciar nuestra valiosa vida humana. Mejor emplearla en el cultivo de conciencia de Kṛṣṇa, sin ambicionar falsas felicidades.