Skip to main content

Śrīmad-bhāgavatam 4.17.25

Texto

amūṣāṁ kṣut-parītānām
ārtānāṁ paridevitam
śamayiṣyāmi mad-bāṇair
bhinnāyās tava medasā

Palabra por palabra

amūṣām—de todos ellos; kṣut-parītānām—que sufren de hambre; ārtānām—de los afligidos; paridevitam—la lamentación; śamayiṣyāmi—calmaré; mat-bāṇaiḥ—con mis flechas; bhinnāyāḥ—cortada en pedazos; tava—de ti; medasā—con la carne.

Traducción

Ahora, con ayuda de mis flechas, te cortaré en pedazos, y con tu carne satisfaré el hambre de mis pobres súbditos, que están llorando por falta de cereales. Así satisfaré a los afligidos ciudadanos de mi reino.

Significado

Tenemos aquí una indicación de que un gobierno puede disponer que se coma carne de vaca. En este verso se indica que, en una circunstancia extraordinaria en que no haya cereales, el gobierno puede aprobar el consumo de carne. Sin embargo, si hay suficiente alimento, el gobierno no debe permitir que se coma carne de vaca por la mera satisfacción de la exigente lengua. En otras palabras, en circunstancias extraordinarias en que la gente sufra por falta de cereales, puede permitirse el consumo de carne, pero solamente en ese caso. Un gobierno nunca debe aprobar la matanza innecesaria de animales y la existencia de mataderos por la satisfacción de la lengua.

Como se explicó en un verso anterior, las vacas y demás animales deben recibir hierba suficiente para comer. Si una vaca no da leche a pesar de contar con suficiente hierba, en caso de una grave falta de alimentos podrá ser utilizada como alimento para las masas hambrientas. La ley de la necesidad establece que la sociedad humana, ante todo, debe tratar de producir cereales y verduras; solo si esto no es humanamente posible puede permitirse el comer carne. Esa es la única excepción. Tal como está estructurada la sociedad humana en la actualidad, la producción de cereales en todo el mundo es suficiente. Por consiguiente, no hay razón para apoyar la existencia de mataderos. En algunas naciones, la producción de cereales es tan excesiva que a veces llegan a tirar al mar los cereales sobrantes; otras veces, el gobierno ordena parar la producción. En definitiva, la Tierra produce cereales suficientes como para alimentar a toda la población, pero los reglamentos del comercio y el deseo de ganancias ponen coto a la distribución de esos cereales. Como consecuencia de ello, en algunos lugares hay carencia de cereales, mientras que en otros se producen en abundancia. Si toda la superficie de la Tierra estuviese a cargo de un solo gobierno que organizase la distribución de los cereales, el problema de la escasez no existiría, y no habría necesidad ni de abrir mataderos ni de defender falsas teorías sobre la superpoblación.