Skip to main content

Śrīmad-bhāgavatam 7.7.49

Texto

sarveṣām api bhūtānāṁ
harir ātmeśvaraḥ priyaḥ
bhūtair mahadbhiḥ sva-kṛtaiḥ
kṛtānāṁ jīva-saṁjñitaḥ

Palabra por palabra

sarveṣām—de todas; api—ciertamente; bhūtānām—las entidades vivientes; hariḥ—el Señor, que mitiga todas las miserias de la entidad viviente; ātmā—la fuente de vida original; īśvaraḥ—el controlador completo; priyaḥ—el querido; bhūtaiḥ—por las energías separadas, los cinco elementos materiales; mahadbhiḥ—que emanan de la energía material total, el mahat-tattvasva-kṛtaiḥ—que Él mismo manifiesta; kṛtānām—creadas; jīva-saṁjñitaḥ—también conocida como entidad viviente, puesto que las entidades vivientes son expansiones de Su energía marginal.

Traducción

La Suprema Personalidad de Dios, Hari, es el alma y la Superalma de todas las entidades vivientes. Toda entidad viviente es una manifestación de Su energía en lo que se refiere tanto al alma viviente como al cuerpo material. Por esa razón, el Señor es el ser más querido y el controlador supremo.

Significado

La Suprema Personalidad de Dios Se manifiesta en Sus diferentes energías: la energía material, la energía espiritual y la energia marginal. Él es la fuente original de todas las entidades vivientes del mundo material, y está situado en el corazón de todos en forma de Superalma. La causa de los diversos tipos de cuerpos de la entidad viviente es la propia entidad viviente, pero es la naturaleza material, conforme a la orden del Señor, quien se los proporciona.

īśvaraḥ sarva-bhūtānāṁ
hṛd-deśe ’rjuna tiṣṭhati
bhrāmayan sarva-bhūtāni
yantrārūḍhāni māyayā

«El Señor Supremo Se encuentra en el corazón de todos, ¡oh, Arjuna!, y dirige los movimientos de todas las entidades vivientes, que están situadas como en una máquina hecha de energía material» (Bg. 18.61). El cuerpo es como una máquina, un vehículo; la entidad viviente recibe la oportunidad de situarse en él y viajar conforme a su deseo. El Señor es la causa original del cuerpo material y del alma, que es una expansión de Su energía marginal. El Señor Supremo es el ser más querido de todas las entidades vivientes. Prahlāda Mahārāja, por consiguiente, aconsejó a sus compañeros de clase, los hijos de los demonios, que volvieran a refugiarse en la Suprema Personalidad de Dios.