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Śrīmad-bhāgavatam 7.7.19-20

Texto

ātmā nityo ’vyayaḥ śuddha
ekaḥ kṣetra-jña āśrayaḥ
avikriyaḥ sva-dṛg hetur
vyāpako ’saṅgy anāvṛtaḥ
etair dvādaśabhir vidvān
ātmano lakṣaṇaiḥ paraiḥ
ahaṁ mamety asad-bhāvaṁ
dehādau mohajaṁ tyajet

Palabra por palabra

ātmā—el alma espiritual, la parte de la Suprema Personalidad de Dios; nityaḥ—sin nacimiento ni muerte; avyayaḥ—sin posibilidad de decaimiento; śuddhaḥ—sin la contaminación material del apego y el desapego; ekaḥ—individuales; kṣetra-jñaḥ—que conoce y que, por lo tanto, es diferente del cuerpo material; āśrayaḥ—el fundamento original*; avikriyaḥ—que no experimenta cambios, como el cuerpo**; sva-dṛk—autoluminosa***; hetuḥ—la causa de todas las causas; vyāpakaḥ—que se difunde por todo el cuerpo en forma de conciencia; asaṅgī—que no depende del cuerpo (libre para transmigrar de un cuerpo a otro); anāvṛtaḥ—no cubierta por la contaminación material; etaiḥ—por todas estas; dvādaśabhiḥ—doce; vidvān—una persona que no es necia, sino que es perfectamente consciente de las cosas tal y como son; ātmanaḥ—del alma espiritual; lakṣaṇaiḥ—características; paraiḥ—trascendentales; aham—yo («yo soy el cuerpo»); mama—mío («todo lo relacionado con el cuerpo es mío»); iti—así; asat-bhāvam—un concepto falso de la vida; deha-ādau—identificarse con el cuerpo material, y, a partir de ahí, con la esposa, los hijos, la familia, la comunidad, la nación, etc.; moha-jam—producto del conocimiento ilusorio; tyajet—debe abandonar.

Traducción

El término «ātmā» se refiere tanto al Señor Supremo como a las entidades vivientes. Ambos son espirituales y están libres del nacimiento y la muerte, libres del deterioro y de la contaminación material. Son seres individuales, son los conocedores del cuerpo externo, y son el fundamento o refugio de todo. No están sujetos a los cambios materiales, son autoluminosos, son la causa de todas las causas, y son omnipresentes. No tienen nada que ver con el cuerpo material, y, por lo tanto, jamás están cubiertos. Con esas cualidades trascendentales, la persona verdaderamente erudita debe abandonar el concepto ilusorio de la vida, en el cual se piensa: «Yo soy el cuerpo material, y todo lo relacionado con este cuerpo es mío».

Significado

En el Bhagavad-gītā (15.7), el Señor Kṛṣṇa dice claramente: mamaivāṁśo jīva-loke jīva-bhūtaḥ: «Todas las entidades vivientes son partes de Mí». Por lo tanto, las entidades vivientes son cualitativamente iguales a la Suprema Personalidad de Dios, quien es el líder, el Supremo entre todas las entidades vivientes. En los Vedas se dice: nityo nityānāṁ cetanaś cetanānām: El Señor es la principal de las entidades vivientes individuales, el líder de las entidades vivientes subordinadas. Las entidades vivientes son partes o fragmentos representativos de Dios; por ello, sus cualidades no son diferentes de las del Señor Supremo. Las entidades vivientes tienen las mismas cualidades que el Señor, del mismo modo que una gota de agua de mar tiene la misma composición química que el inmenso mar en su totalidad. Así pues, son cualitativamente uno, pero cuantitativamente diferentes. Si conocemos a la entidad viviente, que es una muestra de la Suprema Personalidad de Dios, también podremos conocer a la Suprema Personalidad de Dios, pues las cualidades de Dios existen también, en cantidad ínfima, en las entidades vivientes. Hay unidad, pero Dios es grande, mientras que las entidades vivientes son muy pequeñas. Aṇor aṇīyān mahato mahīyān (Kaṭha Upaniṣad 1.2.20). Las entidades vivientes son más pequeñas que el átomo, pero Dios es más grande que lo más grande. El cielo, que consideramos ilimitadamente grande, puede servirnos como representación de nuestro concepto de grandeza; Dios, sin embargo, es todavía más grande que el cielo. Del mismo modo, sabemos que las entidades vivientes son la diezmilésima parte de la punta de un cabello, más pequeñas que los átomos; aun así, la cualidad de ser la causa suprema de todas las causas se da tanto en la entidad viviente como en la Suprema Personalidad de Dios. En verdad, la causa de la existencia del cuerpo, así como de los cambios de cuerpo, es la presencia de la entidad viviente. Paralelamente, los cambios que obedecen a las leyes materiales se deben a la presencia del Señor Supremo dentro del universo.

Es significativa la palabra ekaḥ, que significa «individual». Como se explica en el Bhagavad-gītā (9.4): mat-sthāni sarva-bhūtāni na cāhaṁ teṣv avasthitaḥ: Todo, tanto lo material como lo espiritual, incluyendo la tierra, el agua, el aire, el fuego, el cielo y las entidades vivientes, existe en el plano del alma espiritual. Aunque todo son emanaciones de la Suprema Personalidad de Dios, no debemos pensar que el Señor Supremo depende de alguna otra cosa.

Los dos, Dios y la entidad viviente, gozan de conciencia plena. Como entidades vivientes, somos conscientes de nuestra existencia corporal. De manera similar, el Señor es consciente de la gigantesca manifestación cósmica, como se confirma en los Vedasyasmin dyauḥ pṛthivī cāntarīkṣam; vijñātāram adhikena vijānīyāt; ekam evādvitīyam; ātma-jyotiḥ samrāḍ ihovāca; sa imān lokān asṛjata; satyaṁ jñānam anantam; asaṅgo hy ayaṁ puruṣaḥ; pūrṇasya pūrṇam ādāya pūrṇam evāvaśiṣyate. Todas estas declaraciones de los Vedas demuestran que tanto la Suprema Personalidad de Dios como el alma diminuta gozan de individualidad. Uno es grande, el otro es pequeño, pero ambos, el limitado por el cuerpo y el que supera los límites del universo, son la causa de todas las causas.

Siempre debemos recordar que, aunque somos cualitativamente iguales a la Suprema Personalidad de Dios, cuantitativamente nunca somos iguales a Él. Las personas no muy dotadas de inteligencia, al comprender que son cualitativamente iguales a Dios, creen neciamente que también cuantitativamente son iguales a Él. Su inteligencia se dice que es aviśuddha-bhuddhayaḥ, es decir, una inteligencia sin cultivar, contaminada. Esas personas, después de esforzarse arduamente durante muchísimas vidas a fin de comprender la causa suprema, finalmente adquieren conocimiento verdadero acerca de Kṛṣṇa, Vāsudeva, y se entregan a Él (vāsudevaḥ sarvam iti sa mahātmā sudurlabhaḥ). De ese modo, poco a poco llegan a ser grandes mahātmās, almas perfectas. Cuando alguien tiene la buena fortuna de entender su relación con Dios, sabiendo que Dios es grande (vibhu), mientras que la entidad viviente es pequeña (aṇu), ha alcanzado la perfección del conocimiento. El ser individual, mientras cree que es el cuerpo material y que todo lo relacionado con el cuerpo material le pertenece, vive en la oscuridad. Eso se denomina ahaṁ mama (janasya moho 'yam ahaṁ mameti). Eso es la ilusión. Debemos abandonar el concepto ilusorio, para de ese modo tener plena conciencia de todo.